Las algarabias veraniegas en las noches de Navalmoral
Desde siempre y debido a los rigores del estío en nuestra población, la ciudadanía solía salir a las puertas de las casas, una vez que habían dado cuenta de la jornada laboral seguido de la correspondiente cena, es decir, una vez que se hacia la noche. Se podía comprobar al pasar por muchas de las calles o plazuelas, como había un reguero de personas, sentadas sobre poyos y sillas más bien bajas mayoritariamente las mujeres y los hombres sobre el suelo, o incluso tumbados sobre telas. Sucedía en los barrios moralos ( el Cerro, los Caños, el Perchel, la Plaza Vieja, el Pósito, el Parque, las Minas, la Peligrosa, el Mercado, la Serradilla, las Casas Baratas, el Vietnam, la Marcha Verde, etc.). Charlaban sobre comentarios de la jornada o noticias de actualidad, principalmente, del municipio; lo hacían en grupos pequeños, eso sí, con un tono moderado para no molestar al vecino que por las causas que fuere, esa noche no salía al fresco, respetándole su derecho al descanso. Así, pasaban horas, unos seguían hasta que la madrugada traía una brisa de alivio refrescando algo las casas aprovechando para irse a la piltra, mientras que otros ya lo habían hecho antes y, algunos, los más atrevidos les daba el alba aun en la puerta de la casa. Y como no mencionar de pasada “el derecho al descanso de la Siesta”, derecho sagrado por encima de otros, que todo el mundo respetaba pues rara era la casa en la que entre las 14,30 y las 17,30 horas no se daba cuenta de ella; desde los padres a los niños más pequeños, no oyéndose por las calles ni una mosca.
Pero, desde hace unos años esta costumbre se ha ido transformando en nuestro municipio y es habitual que la ciudadanía salga a la calle a esas horas aunque lo hacemos de otras formas, paseamos, nos sentamos en bancos para hablar y aprovechamos las terrazas habilitadas de los establecimientos para tomar variadas bebidas refrescantes y así ir llevando cada día esos rigores.
Ahora bien, llevamos algunos años, en que se producen ruidos molestos que perturban el respeto y descanso. Algunos justificados como la recogida de residuos sólidos. Otros desagradables; Como el de las motos conducidas por chavales que se desplazan, reiteradamente y casi siempre por los mismos lugares, con gran estruendo, sin importarles el que la gente lo sufra (incluido el peligro de atropello que puede provocar). Otros son los ruidos producidos por los vehículos, pues está el de tocar constantemente las bocinas y no olvidemos el de la música a toda pastilla de los coches con las ventanas bajadas.
Hay otro ruido molesto como es el de las pandillas de jóvenes que pasan por las calles con voces, gritos, palmas o incluso con algún que otro instrumento, más si la mantienen en el mismo lugar y durante un tiempo prolongado. Esta algarabía es muy frecuente en los alrededores del Instituto Augustóbriga y del Poblado de la Nuclear en la calle Antonio Concha. Se concentran grupos de unos quince o veinte jóvenes, dedicándose a pulmón abierto a cual de ellos a dar la nota mayor o, aprovechando la fuente, se dedican a tirarse agua unos a otros. Si algún vecino osado les llama la atención, contestan con reprimendas, insultos, mofas y gestos, acusándole encima de racista. Sería necesario que la Policía Local velara con más rigor por el derecho al descanso de la ciudadanía y procediera a girar rondas al efecto porque el vecindario no entiende como pueden campar a sus anchas noche tras noche semejantes maleducados.
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