Una oportunidad para el agradecimiento
Este artículo no pretende analizar los fenómenos migratorios, en sentido estricto; y, ni mucho menos, hacer un ejercicio de localización. Lo que paso a escribir es un simple reconocimiento al esfuerzo, a la sensibilidad y a la solidaridad.
Cuántas veces hemos oído que la sociedad actual es egoísta e invidualísta, que se aleja de los compromisos colectivos y se anteponen los intereses particulares. Cuántas veces hemos sentido la preocupación al escuchar aquella afirmación, que va en contra de los valores más primarios que podamos referir.
Bien, no nos queda otra que parar el escenario del yo, ejemplarizar y difundir todo aquello que en modo alguno, sea una lección. Si miramos a nuestro alrededor habrá cientos de patrones; hoy quiero traer aquí el de las asociaciones pro inmigrantes de “Cáceres Acoge” y “CEPAIM”, ambas con sede en Navalmoral.
Nunca hubo un tiempo fácil para defender la igualdad y la integración; quizás ahora sea peor. La comodidad nos hace olvidar lo incómodo; y la reversiones económicas buscan falsos culpables. Ni lo uno, ni lo otro, ha sido excusa para éstas organizaciones. Su valor humano es incuestionable, incluso para quienes viven de la sinrazón.
En cierto modo, uno siente especial alivio de ver cubierta esta labor; no nos engañemos, cada cual tenemos el ámbito de la pequeña acción. La consideración, la empatía y la normalización de y sobre la inmigración, sin eufemismos, es un buen camino del largo y extenso recorrido. Pero el día a día es cuestión distinta, la lucha constante por transformar la debilidad manifiesta en la acogida sin matices, la atención para la formación, los programas de intervención social.
Un momento para la reflexión y una oportunidad para el agradecimiento, aunque no lo necesiten. Negarse a resaltar lo negativo, que ya desborda, para reconocer lo solidario y la valentía de reclamar lo justo. Así pues, gracias.
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