Es curioso, pero el Partido Popular ha esperado al verano para anunciar el mayor destrozo del Estado del Bienestar creyendo que la gente estaría de vacaciones, pero lo cierto es que este año la gente no se ha podido ir de vacaciones. No es por ser "tremendista" cuando se afirma eso de ataque al Estado del Bienestar, no obstante, debemos ir matizando y obviando la última parte de la frase. El "bienestar" es una "coletilla" que Europa ha ido construyendo desde finales de la segunda guerra mundial. Los ciudadanos aceptaban que determinadas necesidades básicas fueran cubiertas por el Estado para garantizar su universalidad, la igualdad de oportunidades y la destrucción de las clases sociales; todo ello gracias a la fuerza del Estado, el Estado social y democrático de derecho configurado en la revolución francesa, cuando el pueblo coge y acoge la soberanía para ser el protagonista de su futuro.
No son palabras huecas, gracias a ello somos lo que somos, es la causa de la consecuencia de nuestro tiempo, en cuyo escenario un hijo de obrero puede licenciarse y la cultura está en manos de todos - con permiso de Vargas Llosa en "la civilización del espectáculo". Debe molestar, ¡claro que molesta!, que los que disponían de la conveniencia deriven a la competencia, ¿o acaso nos olvidamos del "no puede ser que en España haya tantos titulados universitarios" del ministro televisivo, o del "qué se jodan" de la diputada Fabra?
No pasa nada por analizar el fondo para ver las formas, porque al final todo es cuestión de convicciones. La frivolidad de Esperanza Aguirre cuando habla de los mineros, la sonrisa de Saez de Santamaría cuando su líder rompe definitivamente el contrato firmado con los ciudadanos en las pasadas elecciones. Esta es la verdadera cara de los que querían el poder porque creen que les pertenece, ya que sencillamente nuestra revolución francesa empezó hace muy poco.
El Estado está en peligro porque su configuración se ha mermado, si la soberanía pertenece al pueblo es lógico que el pueblo no entienda frases como "estoy haciendo cosas que dije que no iba a hacer", y añado - y por lo que le han votado -, pronunciada por los dos últimos presidentes de España. Claro, que Rajoy conocía perfectamente la situación de crisis cuando entró al gobierno. Es lógico que el ciudadano no crea en los políticos si los que deben convencer de su necesidad, precisamente ahora, destruyen políticos.
Con todo, no debemos olvidar varias premisas, como que el representante de los ciudadanos, fue antes representado, y volverá a serlo; como que la democracia siempre da nuevas oportunidades; como que el futuro sigue estando en nuestras manos.
Las circunstancias nos obligan de nuevo a tirar de épica, y no hemos podido irnos de vacaciones; es el momento.